Marcela Tessio pasó por los estudios de la 102.5 para hablar de su rol en la generación de energía, derribar los mitos sobre la radiación y explicar el valor de la soberanía tecnológica del país.
El estudio de Radio Estación 102.5 se llenó de ciencia, historias de vida y orgullo nacional con la visita de Marcela Tessio. A sus 47 años, esta mujer nacida en la vecina localidad de Freyre repasa un camino que, por cuestiones de la vida y el amor, la llevó a radicarse en Embalse, un lugar que define como «maravilloso». Allí no solo formó su familia y crió a sus hijos Joaquín y Julián —ambos apasionados del deporte y nadadores nacionales—, sino que también consolidó su carrera en un sitio estratégico para la Argentina.
Marcela estudió informática en Córdoba tras terminar el secundario en Freyre y se especializó en Ingeniería de Software. Aunque nunca estuvo en sus planes originales, hoy cumple un rol fundamental en el corazón energético del país. «Mi desempeño, el rol exacto es gestión de desarrollo y administración de sistemas», relata sobre su labor dentro de la Central Nuclear Embalse, donde ingresó primero de forma transitoria y ya lleva diez años y medio en planta permanente.

El engranaje tecnológico detrás de la luz de cada día
Lejos de la mirada común, el trabajo informático es un pilar central para la operación. Con un equipo consolidado a cargo, Marcela explica que su función se enfoca mucho en la coordinación y la comunicación, atendiendo las demandas internas. «Nuestros principales clientes son los otros sectores, son los sectores que trabajan en la operación y el mantenimiento de la central. Nosotros estamos como un área de servicio dentro», destaca.
En la Central Nuclear Embalse trabajan de manera cotidiana unas 800 personas, una cifra que se eleva considerablemente durante las denominadas paradas programadas de mantenimiento. Además, Marcela aclara que la planta pertenece a Nucleoeléctrica Argentina S.A., una Sociedad Anónima del Estado que nuclea también a las centrales de Atucha 1 y Atucha 2, ubicadas en Lima, Provincia de Buenos Aires.

Un club exclusivo y soberanía nacional
Uno de los puntos más apasionantes de la charla fue la dimensión internacional de nuestra tecnología. De los casi 200 países del planeta, solo unos 30 cuentan con centrales nucleares, lo que representa apenas el 15% a nivel mundial. «En América Latina solamente Brasil, Uruguay y nosotros tenemos centrales nucleares», detalla Marcela, remarcando que Argentina ha sido pionera en la región.
Esta posición genera una enorme ventaja estratégica: «Argentina es soberana a nivel, energéticamente se considera soberana. Porque producimos nuestra propia energía, no estamos comprándola afuera», subraya con entusiasmo. Este desarrollo científico propio permite que el elemento combustible de fondo para los reactores se fabrique íntegramente en el país. Como valor agregado, la empresa produce Cobalto 60, un radioisótopo clave para la medicina nuclear que no solo abastece el mercado interno, sino que también se exporta al mundo.
Derribando mitos: «Es una energía limpia y segura»
Frente a los temores históricos que despierta la palabra «nuclear», Marcela es tajante y aporta tranquilidad desde su experiencia diaria en el lugar. «La producción de energía se considera una producción de energía limpia y segura, porque hoy no hay emisión de gases al ambiente», argumenta. Además, detalla que los reactores operan bajo estrictos sistemas internacionales con múltiples barreras físicas y niveles de seguridad automatizados ante cualquier eventualidad.
Para ejemplificar la seguridad del entorno en Embalse, apela a su propia rutina de vida y a su faceta deportiva como nadadora de aguas abiertas, disciplina que adoptó gracias a sus hijos y con la que planea competir el próximo verano en Miramar. «Si realmente fuera lo que muchas veces se dice afuera, no estaríamos ahí. Yo no tomaría el agua de la red corriente y no me bañaría ahí. No estaría en el lago todas las horas que estoy, disfrutando», confiesa entre risas.
La Central Nuclear Embalse comenzó a construirse en 1974, inició operaciones en 1984 y, tras una imponente obra de reacondicionamiento y extensión de vida útil finalizada en 2019, quedó totalmente renovada para operar de forma segura por 30 años más. «Detrás de la central hay mucho, mucha tarea y mucho personal que se dedica a controlar que todo sea esto», concluye Marcela, reflejando el enorme compromiso humano que hace posible encender la luz en millones de hogares argentinos.
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