Héctor y Cristina Pacheco, dos vidas atravesadas por El Tala: “Lo más importante fue la familia”

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En el marco de los 80 años del Club El Tala, las historias de quienes dedicaron gran parte de su vida a la institución permiten entender por qué el club es mucho más que un espacio deportivo en San Francisco.

Entre esos protagonistas aparecen Héctor Ramos Pacheco y Cristina Pacheco, dos nombres profundamente ligados al crecimiento y la vida cotidiana de la entidad.

Una vida dedicada al club

Héctor Ramos Pacheco fue claro al resumir su vínculo con El Tala: “Dejé muchos años de mi vida acá, y no lo lamento”. Su recorrido dentro de la institución incluyó tres períodos como presidente, siempre con un denominador común: el compromiso y el amor por el club.

“Siempre he amado a El Tala y lo sigo amando, a pesar de que ya no vengo tanto”, expresó, dejando en evidencia un sentimiento que trasciende el paso del tiempo. Su rol dirigencial fue clave en distintas etapas, aportando trabajo y dedicación para el desarrollo institucional.

El aporte desde la educación y el deporte

Por su parte, Cristina Pacheco también construyó una historia extensa dentro del club, con un fuerte vínculo desde lo educativo y deportivo. Fue directora del Jardín de Infantes Modelo Pueblo de El Tala durante 17 años, además de integrar comisiones directivas y presidir subcomisiones como la de vóley.

Su paso dejó huellas en distintas áreas, pero especialmente en la formación de niños y jóvenes. “Cuando se inició el jardín teníamos 120 chicos, algo que parecía increíble. Fue un momento muy emotivo”, recordó.

Además, destacó experiencias que marcaron a generaciones, como viajes deportivos con delegaciones infantiles, que no solo implicaban competencia sino también formación y vivencias compartidas. “Fueron 10 o 12 días hermosos, experiencias que los chicos no olvidan”, señaló.

Momentos, valores y pertenencia

A lo largo de los años, ambos atravesaron distintas etapas del club, desde el crecimiento de disciplinas como el básquet (con participaciones en categorías nacionales) hasta los logros del vóley femenino, que supo cosechar múltiples campeonatos.

Sin embargo, más allá de los resultados deportivos, hay un aspecto que sobresale en sus testimonios: los valores. “Lo más importante fue el respeto”, destacó Cristina, quien valoró el reconocimiento que aún hoy recibe de quienes pasaron por el club.

En esa misma línea, Héctor resumió lo que El Tala significó en su vida: “Me dio amistad, compañerismo y el valor del trabajo. Pero lo principal fue la familia”.

Un club que sigue creciendo

Ambos coincidieron en resaltar el presente de la institución, valorando el trabajo de las nuevas generaciones que continúan con el legado. “El club está cada día más lindo, con gente maravillosa y siempre con el objetivo de unir a las personas”, remarcaron.

Al momento de definir qué representa El Tala, la palabra se repite sin dudar: familia. Un concepto que atraviesa generaciones y que explica por qué el club sigue siendo un punto de encuentro para padres, hijos y abuelos.

Jorge Bianchi, una vida ligada a El Tala: del básquet formativo al compromiso dirigencial