
La escena quedó grabada en la memoria, y en los celulares, de quienes pasaron de ser turistas a damnificados en cuestión de segundos. “Estamos acá en la Plaza de la Intendencia, estábamos por viajar a Jujuy al carnaval y nos están estafando”, se escucha en uno de los videos que circuló. El contingente, compuesto por 23 personas, aguardaba un colectivo que nunca llegaría. Un hombre de 51 años, de palabra fácil y mirada mansa, tejía el nudo final de una red de mentiras que venía tendiendo desde hacía años. Su nombre es Marcelo Luján Moyano, un hombre que convirtió el turismo en un arte de la rapiña emocional.
Silvina, una docente que buscaba en los carnavales del norte un respiro, fue una de las damnificadas. Ella contó a Puntal que el anzuelo se lanzaba en grupos de trekking, donde Luján se presentaba como un guía experimentado. Allí, en medio de las sierras, se ganaba la fe de sus seguidores para luego ofrecerles el “viaje de sus vidas”.
“Nos pareció que estaba buena la propuesta y ahí nos embarcamos junto a 5 amigas”, relató Silvina. El señuelo era técnico y psicológico: una promoción que congelaba el precio a 350.000 pesos si se realizaba una entrega antes de noviembre. Traslados, hospedaje en hosterías, recorridos por Uquía, Maimará y Purmamarca; el itinerario era un mapa de sueños perfectamente diseñado.
El viernes, horas antes de la partida, a las tres de la tarde, lanzó la granada final: “Tengo un problema técnico, la cuenta está bloqueada”. Con una frialdad pasmosa, intentó una última maniobra de extorsión: pidió que cada pasajero pusiera 175.000 pesos adicionales para pagar el colectivo, prometiendo una devolución imposible una vez que el banco solucionara el error. La desesperación se transformó en sospecha y los pasajeros descubrieron la verdad desnuda: el colectivo estaba reservado, pero no pagado.
Lo ocurrido en la Plaza de la Intendencia no fue un error administrativo ni un hecho aislado. Fue el capítulo final de una zaga delictiva que Marcelo Luján viene protagonizando desde hace años. Puntal entrevistó a víctimas en distintos momentos de su trayectoria delictiva que revelan un patrón de comportamiento psicopático y una frialdad asombrosa para el engaño.
Laura, una de las creadoras de la red de denuncias en Instagram (@cordobaargtrekk_fraudes), es una de las víctimas que sufrió el accionar de Luján en septiembre de 2023. Ella relató a Puntal que su estafa comenzó con un viaje a Tanti que nunca se realizó. Esa red permitió desenterrar testimonios que datan incluso del año 2018. Se estima que los damnificados rozan el centenar de personas y la cifra podría ser mayor, ya que muchos, por vergüenza o resignación, nunca llegaron a radicar la denuncia.
“Él vive de esto, esa es su historia”, sentenció Laura. Allí advierten una posible estrategia de “estafa selectiva”: en un contingente de 60 personas, Luján cumplía con 40 para sostener una fachada de legalidad, mientras dejaba afuera a 20 con promesas de reprogramaciones que jamás cumplía. Gana, según las estimaciones de los damnificados, cerca de 15 millones de pesos por cada maniobra exitosa.
Cada testimonio recogido por Puntal es un fragmento de una ilusión rota en un tiempo diferente. Gloria, quien contactó a Luján para conocer las Cataratas del Iguazú, relató que transfirió mes a mes hasta completar los 500.000 pesos. El viaje fue postergado sistemáticamente con excusas inverosímiles, hasta que el estafador le aseguró que había “vendido la empresa”. Nunca recibió un pasaje ni un voucher, solo comprobantes de transferencias que se perdieron en el vacío de cuentas a nombre de terceros. Gloria recordó con amargura que Luján incluso presumía de trabajar en la Agencia Córdoba Turismo para infundir una falsa confianza.
Por su parte, Claudia fue víctima de Luján durante los festejos de Año Nuevo de 2025. Ella buscaba pasar el cambio de año en Tanti, contrató cena, show y estadía, pero el 30 de diciembre recibió un audio lapidario: “Están complicadas las cabañas, quedaron afuera”. Luján nunca devolvió la seña.
La manipulación de Luján llegaba a niveles macabros. Para evadir rastros financieros y esquivar la justicia, siendo que él es un “NN jurídico” sin bienes a su nombre, utilizaba cuentas bancarias de sus hijas y, según reconoció ante los damnificados de Jujuy, incluso la cuenta de su propio padre fallecido. Esta falta absoluta de escrúpulos fue lo que finalmente unió a las víctimas de ayer y de hoy en un reclamo común.
El final de la película ocurrió en la intersección de Duarte Quirós y Ayacucho, en la misma plaza. Advertidos por el grupo de personas que se negó a pagar la extorsión de último momento, la Policía interceptó a Luján. En su poder tenía medio millón de pesos en efectivo y un teléfono celular que guardaba el historial de cientos de promesas rotas y manipulaciones psicológicas.
El parte policial es técnico y frío: “Hombre de 51 años detenido por estafa”. Pero para las cerca de cien personas que han sido víctimas de su verborragia a lo largo de los años, la cifra es otra: es el costo de la alegría manipulada. Marcelo Luján Moyano ya no tiene a quién engañar; su último trasbordo lo ha llevado al destino que él mismo construyó: la soledad de una celda, mientras el tendal de ilusiones que dejó en el camino comienza, finalmente, a encontrar justicia.



