Crispina Molinas: la historia de «la paraguaya» al frente de la cantina del Club Sarmiento

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Crispina Molinas, conocida como «la paraguaya», es una figura entrañable de San Francisco, donde lleva adelante con mucho esfuerzo y dedicación la cantina del Club Sarmiento. Con una sonrisa que refleja su carácter cálido y amable, se convirtió en un pilar para todos aquellos que disfrutan de su deliciosa comida y la compañía que ofrece en su bar.

Desde hace cinco años, la cantina del club ofrece una variada propuesta gastronómica que incluye minutas, asados los miércoles, pizza libre los jueves y comidas especiales los viernes, además de contar con fútbol a la cuarta. Una variedad que atrae a familias y amigos que se acercan a compartir buenos momentos.

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Crispina llegó a San Francisco con su familia, buscando un futuro mejor para sus hijos. «Vine desde Paraguay con mis chicos, después de separarme de mi pareja, buscando mejorar nuestra situación. Los chicos tenían 5 y 7 años, y crecieron aquí, por lo que ya se sienten más de acá que de allá», comenta.

Aunque la vida aquí le ofreció muchas oportunidades, no olvida su tierra natal. «Siempre se extraña la casa, a mamá, Asunción… eso nunca se deja de extrañar», dice con nostalgia.

Dice que la ciudad le brindó la tranquilidad que buscaba, y destaca especialmente la solidaridad de la gente. «Llegué sin nada, solo con una valija y mucho espíritu. Mi mamá y mi abuela me ayudaron muchísimo en esos primeros momentos difíciles. La gente aquí fue muy solidaria», señala.

Además de su vida laboral, se muestra agradecida por el apoyo de su familia. «Mis tres hijos, Emanuel, Tobías y Mateo, son mi sostén. Tobías me ayuda en el bar, aunque también trabaja en el supermercado Pinguino. Emanuel está por comenzar el segundo año de abogacía, y Mateito va a la salita de tres en el colegio Maristas», explica.

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La cantina del club se convirtió en un lugar donde la gente se siente como en casa. «Tengo mi gente que me sigue desde hace años, y realmente son como una familia. Nos ayudamos mutuamente, ellos me cuidan y yo los cuido», dice emocionada. Los miércoles, el asado es la estrella, y la tradición de «caer solo» es una de las características que hacen que el ambiente sea único. Los jueves, la pizza libre atrae a muchas familias, mientras que los viernes, las comidas especiales hacen las delicias de los comensales.

Crispina también está en proceso de renovación de la cantina. «Estamos por cambiar la comisión y queremos mejorar todo. Ahora tenemos un grupo de gente que tiene tiempo para dedicarse al bar, así que planeamos ofrecer muchas más cosas y mejorar las instalaciones», cuenta. Para ella, cada cambio es una oportunidad de crecimiento, y está decidida a hacer de su bar un lugar aún más acogedor.

La gastronomía paraguaya tiene su lugar en la cantina, aunque también se adaptó a los gustos locales. «Acá en Argentina se come mucho el asado, pero en Paraguay tenemos otras comidas típicas como el chifá. Aunque el asado también es parte de nuestra cultura, siempre tenemos algo distinto para ofrecer», dice mientras sonríe.

La vida en San Francisco brindó muchos desafíos, pero también muchas satisfacciones. «Aquí no tengo familia de sangre, pero sí tengo amigos que son como mi familia. Mis tres hijos son mi todo, y eso me da la fuerza para seguir adelante», concluye Crispina con una mirada llena de gratitud.